Elizaveta Matsanyuk
and
Iñigo Bueno
The Ceremony & Reception
SATURDAY, OCTOBER 10, 2026
12:00 pm until 1:00 am.
Please arrive for 11:00 am to enjoy welcome drinks on arrival.
Details
Benham Park
Newbury, Berkshire
England
RG20 8LU
Please dress formal (optional black tie) for an elegant celebration, but feel free to express your own style. Colour, texture and personal touches are warmly encouraged, no need for everyone to wear black or stick to the same look.
The Welcome Party
FRIDAY, OCTOBER 9, 2026
17:00 pm to 22:00 pm at our Benham Park venue,
While we would love to have you at the Welcome Party, this event is optional and you are still more than welcome to come to the wedding on October the 10th if you are unable to make it on the 9th.
Details
We would love you to join us if you able to for our pre-wedding welcome event. Expect cosy vibes with drinks and pizzas.
Please dress elevated smart‑casual or cocktail. We’d love guests to embrace relaxed but stylish evening wear. Autumn layers, great fabrics, and well‑put‑together outfits are perfect.
Travel and Transportation
Please see the details below to help you plan your journey as smoothly as possible.
Events Transportation
Transportation will be provided for guests who are staying at the recommended hotels.
If you have requested transportation, please refer to the email / message sent from the bride recently with the pick up and drop off details for the events.
If you are unsure, please contact our wedding planners on: info@dalealexanderevents.co.uk / +44 7901602803.
Guests staying at the below hotels will have transportation provided to and from the events if requested:
Donnington Valley Hotel, Spa & Golf
The Lodge Hotel
88 West Street
The Hare and Hounds
The Chequers Hotel
The Regency Park Hotel
The Retreat at Elcot Park
International Guests
Airports & Visa
We appreciate that international travel will be required for most of our guests and would advise checking passport expiration dates (ensure valid until at least April 2027) and booking your flights as soon as possible.
London Heathrow Airport is the closest airport (50 minutes drive) to the wedding celebrations and the most convenient for international guests.
Visa: Some guests may require a visa to enter the UK. See the below details to check guidance depending on where you are travelling from.
Local Taxis
Broadway Cars +441635 847784
CabCo Cars +441635 33333
Go Green Taxis +441235 811100
Uber
Uber is also available in the area.
Accommodation
Benham Park is surrounded by a wonderful selection of accommodation options, ranging from luxury hotels and relaxing spas to quaint country inns and stylish Airbnbs. We’ve curated a list of our recommended places to stay to help make your planning easier.
We would advise booking your accommodation as early as possible to secure the best rates and availability.
The Retreat at Elcot Park
13 minutes from Benham Park by car
4* Hotel
The Chequers Hotel
8 minutes from Benham Park by car
4* Hotel
The Regency Park Hotel and Spa
14 minutes from Benham Park by car
4* Hotel
The Lodge Hotel
10 minutes from Benham Park by car
3* Hotel
Airbnb
Lots of wonderful private houses and cottages are available if you are looking for something a little different.
Gift Wishes
Honeymoon Fund
Your presence is the greatest gift we could ask for. However, if you were thinking of giving a gift, a contribution towards our honeymoon would mean the world to us.
For our close family, if you already have a sentimental gift in mind, please don’t feel discouraged, we will treasure it.
Link below for honeymoon donations.
Frequently Asked Questions
Please contact us or our incredible wedding planner Dale Alexander on +44 7901 602803 or at info@dalealexanderevents.co.uk if you have any questions or concerns we have not touched upon.
WILL THE CEREMONY BE OUTSIDE?
Yes - weather permitting! Blankets will be provided
CAN I TAKE PHOTOS DURING THE CEREMONY?
We kindly ask that there are no phones & cameras during our wedding ceremony. Our talented photographers and videographers will be working hard to capture all the details.
WILL THERE BE PARKING AVAILABLE?
If you are hiring a car, there will be plenty of parking available as well as valet.
I HAVE STRICT DIETARY RESTRICTIONS, WILL THESE BE CATERED FOR?
Yes! We will have a variety of options to meet everyones dietary needs.
CAN I BRING MORE PEOPLE THAN I HAVE MENTIONED IN MY INVITE?
We must stick to a maximum number of people when it comes to fitting everyone in our venue so, unfortunately, we cannot permit extra +1s.
WILL THE CEREMONY BE TRANSLATED INTO SPANISH/RUSSIAN?
The ceremony will be in English and each guest will have a programme roughly summarising each section of the ceremony. However, there will be no translator on sight. If you would like a translation, we can send it to you after the wedding.
The Wedding Ceremony Script
Ceremonia
Palabras de bienvenida
Nunca podemos saber realmente qué nos depara el futuro, qué emocionantes descubrimientos nos esperan o qué alegrías pueden estar a la vuelta de la esquina.
Nunca podemos saber cuánto se diferenciará de nuestro presente. Pero hoy, aquí, a punto de unir a dos personas en el amor, sí podemos saber que su futuro se construirá, se creará y tomará forma gracias a sus acciones. No solo las de este día, sino las de todas las aventuras, grandes y pequeñas, que los han traído hasta el final de este pasillo.
Y gracias a todo lo que esas aventuras les han permitido descubrir.
Porque, en realidad, el matrimonio tiene mucho más que ver con las diferencias que con las semejanzas.
Por ejemplo, una persona puede ver las vacaciones como una oportunidad para relajarse, tumbarse y hacer lo menos posible.
Mientras que la otra puede verlas como tirolinas, visitas turísticas y una oportunidad para hacer todo lo humanamente posible.
Una persona puede ver la universidad como una gran ocasión social, pensada para hacer nuevos amigos, tomar algo y, quizá, en algún momento… estudiar un poco.
Mientras que la otra puede sentarse en la primera fila de cada clase, escuchar con atención y esperar con entusiasmo la siguiente entrega del apasionante tema que el profesor esté explicando esa semana.
Una persona puede no tener ningún deseo de tener una mascota, mientras que la otra no puede imaginarse la vida sin ella.
Pero esas diferencias no deben ignorarse. No son algo que haya que soportar ni evitar. Hay que abrazarlas plenamente, porque son, en todos los sentidos, la esencia de esta relación. Y hoy, delante de todos vosotros, se unen por fin en un matrimonio.
Así que bienvenidos, todos y cada uno de vosotros. No al comienzo de algo nuevo, sino a la continuación de una historia de amor que empezó lejos de estos jardines. Una historia hecha de alegría, aventuras y diferencias, que seguirá avanzando hacia un futuro pleno y maravilloso.
Bienvenidos a la boda de Lizzy e Iñigo.
Agradecimiento
Antes de continuar, es importante reconocer que muchas personas han recorrido grandes distancias para estar aquí hoy.
Tenemos invitados que han venido desde Varsovia y Hong Kong, Dubái y Ciudad de México, e incluso… Staines… ¡y no el de Francia!
Pero, por largo que haya sido el camino hasta aquí, por grande o pequeña que haya sido la distancia, gracias por haber hecho ese viaje.
Significa mucho más de lo que podéis imaginar.
Su historia
Y así, para explorar el futuro, debemos volver primero la mirada al pasado, para comprender el matrimonio que están a punto de comenzar.
Empecemos, como tantas veces debemos hacerlo, por el principio: cuando una chica estaba sentada en un aula y un chico llegó tarde…
Lizzy acababa de llegar a Madrid. Tenía veinte años y empezaba por segunda vez sus estudios universitarios.
Estaba ilusionada, llena de energía y preparada para empezar. La encontramos sentada en la primera fila de un aula, tomando apuntes con esmero en una clase de microeconomía a primera hora de la mañana, completamente absorta en las palabras del profesor.
Y entonces, aunque ella no podía saberlo en aquel momento, su futuro entró en el aula con aire seguro.
Era, y cito, «el más español de los hombres»: muy alto, muy guapo y vestido con un jersey muy bonito y, vuelvo a citar, «un polo pretencioso debajo».
No fue precisamente uno de esos momentos en los que parece que el destino alinea las estrellas. Más que nada, Lizzy estaba un poco molesta porque había interrumpido al profesor.
Pero, mientras observaba a aquel español alto, guapo y pretencioso, Lizzy decidió que casi con toda seguridad había repetido curso y que, por tanto, tampoco debía de ser el más listo de la clase.
Más tarde descubrió que la universidad mezclaba alumnos de distintos cursos en algunas asignaturas. Resultaba que él estaba cursando microeconomía en segundo, así que, en realidad, no era un guapo con malas notas…
Pero aquella no sería la última vez que la entrada de Iñigo en un aula desconcertaría a Lizzy.
Tiempo después, de nuevo en la clase de microeconomía y en su lugar habitual de la primera fila, Lizzy vio entrar tarde al mismo español guapo. Esta vez, sin embargo, parecía bastante abatido y compadecido de sí mismo. Llevaba un chándal Adidas completamente rojo, unas Vans rojas y, como complemento, un maletín de trabajo Louis Vuitton.
Ocupó el único asiento disponible, que casualmente estaba justo a su lado.
Lizzy se quedó pensando un rato en aquel giro de los acontecimientos, mientras la clase pasaba a un segundo plano. De hecho, aquel hombre sentado junto a ella era probablemente una de las pocas cosas capaces de apartar su atención de la microeconomía.
Y allí sentada se hizo una serie de preguntas…
¿Qué le habrá pasado para estar tan triste?
¿Debería preguntarle por qué está tan triste?
¿Quizá debería arreglarme el pelo antes de preguntarle por qué está triste?
Pero, una vez más, Lizzy descubrió que se había precipitado. Más tarde supo que, en realidad, no era un español triste.
Era un español con una resaca tremenda.
Pero fue la tercera vez que coincidieron la que marcaría la diferencia.
Una vez más, Lizzy estaba sentada en la primera fila. En esta ocasión, sin embargo, Iñigo había conseguido llegar puntual y había ocupado su habitual asiento, tan desenfadado, al fondo del aula.
El profesor había decidido motivar a los estudiantes otorgando puntos extra por las buenas respuestas, e Iñigo se había ofrecido a llevar la cuenta. Como era de esperar, Lizzy consiguió uno de aquellos codiciados «puntos extra»: un momento muy especial en la vida de cualquier alumna aplicada y favorita del profesor.
Entonces se oyó una voz desde el fondo del aula. Una voz que acompañaría a Lizzy desde aquel día. Una voz que la seguiría por todo el mundo, que reiría con ella, que se reiría de ella alguna que otra vez y que la consolaría en sus momentos más oscuros. Una voz de la que pronto se enamoraría.
Aquel español pretencioso, guapo, con resaca, vestido con polo y portador de Louis Vuitton pronunció las palabras que darían comienzo a todos sus días juntos:
«¿Cómo te llamabas?»
Solo unos días después, Iñigo le envió un mensaje a Lizzy para invitarla a tomar algo con él y otros compañeros de microeconomía. Por supuesto, Lizzy rechazó la invitación: al día siguiente había clase.
Lo intentó unas cuantas veces más antes de cambiar finalmente de estrategia. Iñigo consiguió convencerla de quedar para «estudiar» un sábado por la noche. Por fin había encontrado la manera de llegar al corazón de Lizzy sin poner en peligro sus estudios. Y, aunque ella llegaba en avión aquella misma noche, aceptó.
Iñigo llevó a Lizzy a una discoteca que acabaría convirtiéndose en su lugar habitual y, con enorme orgullo, la condujo hasta la zona VIP.
Lizzy, por supuesto, no entendió en absoluto la importancia del gesto y no tenía ni idea de que aquello debía impresionarla.
Y así empezó todo.
Pasaron las semanas y ambos comenzaron a sentirse más cómodos en compañía del otro.
Iñigo recuerda especialmente una ocasión, dos o tres semanas después de aquella zona VIP tan estupenda, en la que salieron a dar un paseo. Lizzy estaba juguetona y no dejaba de intentar ponerle la zancadilla para hacerlo caer en el barro.
Él esquivaba hábilmente sus intentos de dejarlo en ridículo. Pero entonces apareció ante sus ojos una oportunidad que no podía dejar pasar…
Sonriendo de oreja a oreja, extendió el pie, y Lizzy cayó al suelo.
Se dobló de la risa y tardó un momento en darse cuenta de que aquella joven, que un día se convertiría en su esposa, no se estaba riendo.
En absoluto.
Finalmente recordó sus buenos modales y la ayudó a levantarse. Y, poco después, Lizzy también se reía.
Llegaron entonces los años de crecer juntos. Ambos tenían poco más de veinte años: eran jóvenes, estaban ilusionados y vivían ese maravilloso primer enamoramiento. Y disfrutaron enormemente de aquellos primeros años.
Hubo restaurantes y discotecas, más paseos embarrados y noches felices en el sofá. Y, para gran disgusto de Iñigo, también hubo un par de chanclas con unos pinchos muy puntiagudos.
A Lizzy le encantaban aquellas chanclas y tenía la costumbre de quitárselas de una patada y dejarlas por toda la casa.
Donde caían, se quedaban. Y normalmente estaban colocadas en el lugar perfecto para que Iñigo las pisara en mitad de la noche al volver a casa, o durante algún que otro traspié después de unas copas.
Basta decir que, allí donde su pie fuera a aterrizar, aparecía una chancla con pinchos.
Y entonces, una noche, después de otra velada maravillosa, el asunto de las chanclas llegó a su punto culminante.
Lizzy entró tranquilamente en la habitación e hizo lo que tantas veces había hecho: se quitó las chanclas de una patada.
Fue como si todo ocurriera a cámara lenta. La chancla salió girando por el aire. Dio vueltas y más vueltas, ganó velocidad al alcanzar el punto más alto de su trayectoria y comenzó a descender inevitablemente, atrapada por la implacable fuerza de la gravedad.
Giró, giró y volvió a girar. Cada vez estaba más claro dónde iba a terminar, pero Lizzy no podía hacer absolutamente nada.
Iñigo levantó la vista justo a tiempo para ver cómo la chancla con pinchos le daba de lleno en la cara.
Las palabras que se pronunciaron inmediatamente después de aquel encuentro entre los pinchos y la cabeza se han perdido en el tiempo. Pero podemos decir que, a partir de entonces, Lizzy tuvo un poco más de cuidado con dónde dejaba sus chanclas.
Aunque sus aventuras, desde luego, no se han limitado a las paredes de su casa.
Todo lo contrario.
A lo largo de su relación han viajado a Roma, París, Ibiza, Ginebra, Nueva York, Chipre, Dubái, Varsovia y muchos otros lugares. Y han aprendido bastante sobre sus respectivas formas de viajar.
A Lizzy le encantan las excursiones, los encuentros cercanos con animales salvajes y las actividades al aire libre en abundancia. Prácticamente cualquier cosa que puedan encajar en el menor tiempo humanamente posible.
Iñigo, en cambio, quiere que las vacaciones sean, en sí mismas, toda la excursión. Prefiere evitar los encuentros con animales salvajes y considera que una actividad al aire libre consiste en quedarse tumbado en la playa.
Y así, nuestra pareja terminó en Costa Rica. Podemos decir que aquel viaje fue muy del estilo de Lizzy.
Pasaron once días en aquel precioso país, un viaje al que cariñosamente llamaban su «luna de miel de compromiso».
Todo era absolutamente hermoso, y Lizzy se obsesionó por completo con pasear por la selva… de noche…
Se ponía las botas de agua, cogía una linterna y desaparecía en la oscuridad más absoluta con un grupo de otros entusiastas de la selva, para descubrir una cantidad interminable de datos fascinantes sobre las criaturas nocturnas que vivían entre los árboles.
A Iñigo no le apetecía aquello en absoluto, pero fue una vez. Por decirlo con las palabras de Lizzy:
«Desde entonces, no ha dejado de recordármelo».
La oscuridad lo envolvía todo mientras Iñigo daba valientemente sus primeros pasos. Algo se movió cerca, pesado entre las sombras. Un mosquito pasó zumbando junto a su oído en busca de sangre, y el guía les decía que apagaran las linternas.
El miedo se apoderó de él mientras imaginaba toda clase de criaturas siniestras escondidas entre los árboles cada vez más oscuros: jaguares siguiéndolos con su extraordinaria visión, monos colgados justo encima de sus cabezas, preparados para arrancarles alguna extremidad, y perezosos con garras afiladas como cuchillas, a solo un zarpazo de distancia.
Y el guía les decía que apagaran las linternas…
Lizzy miró a su alrededor.
Su linterna llevaba ya un buen rato apagada, igual que las de todos los demás. Pero Iñigo se negaba rotundamente.
A su juicio, apagar las luces en mitad de la selva era una idea realmente estúpida.
Su linterna solo se apagó cuando Lizzy consiguió quitársela de la mano.
Iñigo nunca volvió a la selva y ha jurado firmemente no participar jamás en otra excursión en la que tenga que apagar una luz.
En realidad, los animales en general nunca habían sido lo suyo. De niño no había crecido rodeado de animales y, por eso, no había desarrollado ese vínculo que surge de forma tan natural cuando uno tiene, por ejemplo, un perro como compañero constante.
Lizzy, por otro lado, siempre había tenido perros, y también algunos gatos. Así que estaba completamente obsesionada con la idea de tener su propia pequeña criatura peluda.
Al principio Iñigo se oponía por completo, casi con tanta vehemencia como años atrás se había opuesto a cierto par de chanclas. Pero, con el tiempo, Lizzy fue venciendo su resistencia y finalmente lo convenció.
Poco después llegó una pequeña patata en un calcetín, y Lola pasó a formar parte de sus aventuras.
Como Iñigo se había opuesto a tener un perro, sería razonable suponer que no llegó a encariñarse demasiado con Lola.
Esa suposición sería completamente equivocada.
Lola, la pequeña patata en un calcetín, pasaba horas durmiendo sobre el pecho de Iñigo, mientras él hacía todo lo posible por no moverse y despertarla. Le hacía mil fotos y más, y se las enseñaba a Lizzy con todo el orgullo paternal que cabría esperar de un padre primerizo.
Se convirtió inmediatamente en parte de su familia, y los tres se fueron uniendo cada vez más.
Comenzamos esta ceremonia hablando de diferencias, de aventuras, del futuro y de cómo todas esas aventuras y diferencias se unirían para crear un futuro compartido.
Así que parece apropiado que, antes de terminar la ceremonia con promesas y anillos, echemos un pequeño vistazo a cómo podría ser ese futuro, tal como lo imagina Lizzy.
A cómo todos estos momentos que hemos compartido podrían encontrarse y tomar forma en el mañana.
Dentro de muchos años, en una casa que todavía no conocen, Lizzy e Iñigo se despertarán en una fría mañana de Navidad.
En su mesilla, Lizzy quizá tenga un libro que estaba leyendo la noche anterior, estudiando y aprendiendo algo nuevo sobre animales salvajes nocturnos, deseando contárselo a su marido.
Pero eso ahora no importa. Es un día muy especial y no hay tiempo que perder…
Con pasos ligerísimos, Lizzy e Iñigo bajan las escaleras a escondidas y pasan junto a una pared cubierta de fotografías de sus muchas aventuras: una imagen de Lizzy en una selva oscura, otra de Iñigo dormido en una playa, una de los dos en un restaurante donde los árboles se encuentran con el mar, brindando con una copa.
Y sus pies, calzados con chanclas, siguen avanzando en silencio. Por suerte para Iñigo, sin pinchos, aunque Lizzy todavía echa de menos sus fantásticas chanclas de antes.
Doblan una esquina y Lola salta para saludarlos, pero los dos le piden suavemente que no haga ruido. Ella se calma, solo para que el ritual se repita casi de inmediato cuando otro perro, todavía desconocido y sin nombre, corre también a darles la bienvenida.
Lizzy tranquiliza a sus pequeños hijos peludos mientras Iñigo abre silenciosamente unas grandes puertas dobles. Un magnífico árbol de Navidad, hecho de luz y magia, les da la bienvenida a la habitación.
Los dos sacan los regalos de su escondite y empiezan a colocarlos bajo el árbol, con mucho cuidado y en absoluto silencio.
Aunque, al parecer, no con el suficiente.
Dos caritas se asoman por la puerta, impacientes, emocionadas y rebosantes de alegría.
Vuestros hijos entran corriendo, seguidos de vuestros dos perritos. Y el debate sobre si los regalos de Navidad se abren ahora o después lo ganan casi de inmediato los dos niños, los dos perros e Iñigo, frente a Lizzy.
Os acomodáis para pasar el día de Navidad en casa, rodeados de los recuerdos de vuestro pasado compartido. Un pasado que ha dado forma al futuro y que seguirá haciéndolo para siempre.
Nunca podemos saber realmente qué nos depara el futuro, qué emocionantes descubrimientos nos esperan o qué alegrías pueden estar a la vuelta de la esquina.
Nunca podemos saber cuánto se diferenciará de nuestro presente. Pero sí podemos saber que el vuestro será aún más especial gracias a las diferencias que os definen y al amor que compartís y os entregáis con generosidad.
Podemos saber que lo que habéis construido y lo que habéis cultivado mientras crecíais juntos es fuerte y hermoso. Porque no os amáis a pesar de vuestras diferencias.
Os amáis por ellas.
Y eso es lo que realmente significa un matrimonio.
Así que seguid celebrando vuestras diferencias, seguid abrazando el cambio. ¿Quién puede decir que ese futuro no se hará realidad? ¿Quién puede decir que no sabemos ya algo de él?
Ahora tomaré prestadas las palabras de Emma Salmon para compartir una lectura que parece haber sido escrita para este momento…
El futuro
Emma Salmon
En mi futuro os veo a ti y a mí,
y una casa con un jardín lleno de árboles.
Veo cenas rodeados de amigos
y un huerto que nos encanta cuidar.
Veo noches acogedoras frente al fuego
y una cama con dosel para cuando llegue el descanso.
Veo nuestra cocina, el corazón de la casa,
y una bañera victoriana rebosante de espuma.
Veo botas de agua embarradas junto a la puerta
y niños comiendo galletas y pidiendo más.
Veo noches de acampada en el jardín, bajo las estrellas,
y estanterías llenas de tarros distintos de mermelada local.
Veo pícnics en familia al aire libre con el perro
y un pequeño cobertizo azul donde guardamos la leña.
Nos veo sentados junto a la ventana, mirando la nieve,
leyendo los periódicos y aprendiendo a crecer.
Veo fotografías de la familia en marcos originales
y letras en las puertas de los niños formando sus nombres.
Veo risas, dolor, besos y lágrimas,
y cómo nos ayudamos a afrontar nuestros miedos.
Te veo como mi amiga y también como mi amante,
y a mí como tu confidente y el padre de tus hijos.
Veo un futuro maravilloso para ti y para mí,
envuelto en amor hasta el final de nuestras vidas.
Votos y anillos
Llegamos ahora al momento de la ceremonia en el que Lizzy e Iñigo compartirán sus votos.
Ambos han escrito sus propios votos, que ahora compartirán.
Votos de Iñigo
Tú hiciste que todo esto fuera real para mí. Desde pequeño, al ver a mi familia, sabía que quería algo parecido a lo que ellos tenían. Cuando te vi en la universidad, con tu portátil rosa, hablando con aquella otra chica, nunca habría imaginado que hoy estaríamos aquí.
Durante estos siete años juntos he conocido a la mujer más fuerte, generosa y divertida de mi vida.
Recuerdo nuestra primera cita, lo mal que salió, lo nervioso que estaba y lo guapa que estabas después de llegar de Moscú. Me abrazaste y me diste un caramelo.
Mientras caminábamos, te diste cuenta de lo nervioso que estaba y decidiste decirme que tu padre era un gran jefe de la mafia rusa. Después me miraste y empezaste a reírte. Entonces supe que quería estar contigo para siempre.
Durante estos siete años me has impulsado a ser un hombre mejor, un hijo mejor y un hermano mejor. Me encanta que siempre estés ahí para mí, pase lo que pase; que me ayudes de maneras de las que ni siquiera eres consciente. Y espero que nunca dejes de hacerlo ni te canses de ello.
Y así, desde este momento, voy a hacerte tres promesas:
Prometo que quizá abra mi mente a ir a ver insectos y animales por la noche al otro lado del mundo… quizá…
Prometo cogerte de la mano cuando tengas pesadillas después de escuchar pódcasts sobre asesinos en serie que secuestran y matan a personas.
Pero, por encima de todo, prometo amarte pase lo que pase y hacer todo lo posible para que sigas pensando que vivimos en una película de Disney.
Gracias por ser mi esposa. Te quiero.
Votos de Lizzy
Iñigo, hace casi siete años, en el momento en que me di cuenta de que te quería, te llamé.
Y, sin que yo pronunciara esas palabras, tú supiste que yo también te quería.
Aquel día estaba demasiado nerviosa para decírtelo. Hoy puedo decírtelo delante de todas las personas que queremos. Y podré seguir diciéndotelo durante el resto de mi vida.
Te quiero por el hombre que eres en el mundo. Confías en las personas, y quienes confían en ti moverían montañas por ti, igual que tú lo harías por ellas.
Te quiero por la manera en que quieres a tu familia. Porque siempre estás a una llamada de distancia y porque una parte de ti los echa de menos cada día.
Y te quiero por la manera en que me quieres a mí. Me apoyas, has hecho un lugar en tu vida para mi familia, has cedido y has cambiado de lugar por mí. Tienes una paciencia infinita con mis locuras.
Pero, sobre todo, te quiero en los pequeños momentos: cuando buscas mi mano por la noche y la sostienes entre las tuyas; cuando leo las notas que me dejas antes de viajar; cuando le das a Lola esos besitos en la mejilla de los que ella se aparta lentamente.
Y así, hoy estoy aquí para hacerte tres promesas.
Prometo no apartarme nunca de tus besos en la mejilla y quererte con la misma generosidad con la que tú me quieres, sin llevar jamás la cuenta. Aunque no puedo hacer esa misma promesa en nombre de Lola.
Prometo amarte, honrarte y cuidarte, en la salud y en la enfermedad, dondequiera que en el mundo esté nuestro hogar, todos los días de mi vida.
Y prometo decirte siempre la verdad y ser siempre yo misma contigo: en los días buenos, en los días difíciles y en todos los días corrientes que haya entre unos y otros.
Nunca volveré a guardar mis palabras como hice hace siete años.
Te quiero, Iñigo. Te quiero, hoy y siempre.
Intercambio de anillos
El anillo es un antiguo símbolo del matrimonio. Pero los anillos que vais a intercambiar no son una misma creación dividida en dos. No son una única pieza de metal separada.
Son esencialmente distintos, con diseños, formas y tamaños diferentes. Pero juntos, al llevarlos la novia y el novio, el marido y la mujer, representan un solo matrimonio. Y así ocurre también hoy.
Ahora os haré tres preguntas. Por favor, responded juntos: «Sí, quiero».
¿Prometéis animaros siempre el uno al otro a vivir nuevas aventuras y regresar después al refugio de todo lo que habéis construido juntos?
Sí, quiero.
¿Prometéis apoyaros en todo lo que hagáis, respaldando vuestros distintos caminos, siempre y en todos los sentidos?
Sí, quiero.
¿Prometéis amaros, cuidaros y adoraros, mirando siempre hacia el futuro y hacia el mundo que crearéis juntos?
Sí, quiero.
Declaración del matrimonio
Y así, por las aulas del pasado y las Navidades del futuro; por las aventuras que habéis vivido y el futuro que construiréis; por el amor que compartís, las diferencias que celebráis y las promesas que habéis hecho hoy, elegís ser marido y mujer.
Ahora podéis sellar vuestros votos con un beso.
Palabras de despedida
Nunca podemos saber realmente qué nos depara el futuro. Pero, venga lo que venga, sabemos que se construye sobre las aventuras y las diferencias que celebráis cada día.
Y también sabemos que hay confeti, bebidas con burbujas y pequeños bocados…
Dentro de un momento recorreréis de nuevo el pasillo. Pero antes, es muy importante que cubramos por completo a estos dos de confeti.
¡Por primera vez como marido y mujer, os presento a Lizzy e Iñigo!
